VENGO DE GRANADA PARA FUNDAR UN CONVENTO…
El mismo día 25 de octubre, pero de 1724, fallece en la ciudad del Darro, en mi amada Granada, uno de los más insignes creadores artísticos de todos los tiempos, José de Mora Ginarte y López Criado «escultor del Rey Carlos II». En este año que estamos viviendo se cumplen 300 años de su partida, pero sin duda, está más vivo que nunca. Su localidad natal, Baza, está preparando un calendario de actos para conmemorar y recordar efusivamente a uno de sus más ilustres hijos. ¿Y que relación tiene esta efemérides y todo lo que la rodea con la ciudad de Cabra? Una relación fascinante, porque nos invita a investigar, a descrubir y a interiorizar e incluso crear una historia propia de la llegada a la villa de Cabra de las Sagradas Imagenes que poseemos y que procesionan en nuestra Semana Santa en la actualidad. Pero ¿por qué José de Mora aparece en la mayoría de comentarios o atribuciones de algunas de nuestra obras más devocionales e insignes? ¿Todo se reduce a decir José de Mora sin atrevernos a algo más? Por ejemplo, a descubrir de una manera apasionada, como es mi caso, quienes son aquellos que mantienen viva la escuela granadina en el siglo XVII y XVIII a raíz del padre de una saga incuestionable por su absoluta genialidad y por su rotundidad artística como fue Bernardo de Mora, que junto a Alonso y Pedro de Mena, precedidos del genio de Pablo de Rojas crearon la mayor y más auténtica escuela de imagineros que el mundo, la civilización y la historia pudieron dejarnos como legado imperecedero de su excelsa genialidad artística. Pero en el caso de Cabra, deberíamos de centrarnos y articular nuestra visión, particular y aficionada, en la figura de otro genio como fue Diego de Mora, hermano de José y «rival» de otro de los grandes como José Risueño. Más de veinte artistas pasaron por los talleres de los Mora durante el tiempo que tuvieron su taller ubicado en un principio cerca de la Plaza Nueva y más tarde en el Albaizín, muy cerca de la Iglesia de San Miguel Bajo. Los Mora eran personas que tenían un importante patrimonio y podríamos calificarlos como personas o familias con un serio poder social y económico. En su taller estuvieron desde Andrés de la Barrera o Torcuato Ruíz del Peral a Agustín José de Vera Moreno o Pedro Asensio entre otros. ¿Dónde queremos llegar? Pues al hecho de resaltar, en primer lugar, la importancia de la escuela granadina y su proyección y en segundo lugar, que toda la imagineria que tenemos en Cabra no se puede atribuir directamente a José de Mora, porque nos suena el nombre o porque sencillamente sus imagenes se parecen a las que poseemos en nuestra ciudad. Sería tan fácil como decir que todo lo realizado en Sevilla en el siglo XVII o finales del XVI es obra del jieennense, Juan Martínez Montañes, entre otros, cuando hubo artistas de la talla de Pedro Roldán o su hija Luis Roldán «La Roldana». El caso de Granada y su escuela escultórica es difícil de superar incluso después de haber pasado tres siglos y medio desde la desaparición vital de toda la estirpe. No hay nada como la escuela granadina, ni similar, ni parecido, ni aproximado, donde podamos contemplar conjuntos escultóricos en retablos, santos, santas, arquitectura, dolorosas o cualquier escena de la pasión de Cristo en cualquiera de sus pasajes evangélicos. Con la llegada de las monjas agustinas a Cabra, llega según mi criterio, uno de los grupos escultóricos de la piedad o angustias más impresionantes de nuestro país. Los historiadores y expertos en la materia atribuyen, aunque por desgracia no haya un documento que lo atestigue o por los menos que los hayamos visto, que Las Angustias de Cabra, son obra de Diego de Mora, el menor de la saga, que trabajaba a la perfección este tipo de obras con pino que pedía exclusivamente de la Sierra de Segura de Jaén. Un grupo que preside el altar mayor de su convento y que llegó a Cabra desde Granada de la mano de las primeras madres agustinas que residieron aqui. Otra obra muy interesante que se ha atribuido sin base histórica a José de Mora, es el Cristo del Perdón o Jesús Nazareno agustino que también se venera en dicho convento. Es difícil concretar quién fue su autor, pero que salió del taller de los Mora es innegable, contiene dentro de si todos los estilemas clásicos de la escuela granadina, siendo una obra de una factura interesantísima con una fuerza en su anatomia, rostro y manos de un gran realismo. Sería interesante que recuperara su estado original con cairel que fue como lo concibió su autor y le fue arrebatado en la restauración de los años noventa, al igual que el Nazareno de San Antón, el de Armilla o el Nazareno de Iznájar o Almedinilla por nombrar algunos ejemplos cercanos a nuestro entorno. Los Mora tenían una fama que había llegado de la mano de José hasta el seno del imperio español, llegando a ser escultor de la corte con Carlos II «El hechizado», algo que catapultó su fama y la de su escuela, entendemos que es más correcto decir escuela que taller. Pero Diego de Mora es un autor exquisito en las formas, eran personas tocadas por la mano de Dios, con una inspiración fuera de toda lógica, creadores de un estilo que en nuestros días sobrecoge a todo aquel que dedica un momento a contemplar cualquier imagen salida de sus gubias. Otro caso interesante es el Cristo de la Coronación de espinas que actualmente está en San Francisco y San Rodrigo y que también vino gracias a las agustinas. No tenemos constancia de los porques de que no residiera en el convento desde un primer momento y pasara a la Iglesia de San Juan Bautista y posteriormente a la parroquia de la Barriada Virgen de la Sierra. En este caso, si vemos que mantiene su cairel y sus formas originales, tal y como se creó. Es una joya que tenemos en Cabra, poco valorada en términos generales, pero de una categoría indiscutible. También se ha relacionado con la mano de José, pero volvemos al punto de partida una y otra vez, pudiera ser de alguno de los componentes de su escuela, todos ellos grandísimos autores, pero ninguno a la altura de Diego de Mora en la ejecución y terminación de las obras. Lo que podemos suponer es que este Cristo estaba pensado para permanecer en el convento en alguna de sus capillas laterales al igual que el Señor de la Humildad «la cañilla» de Granada en la Iglesia de Santo Domingo en pleno corazón del Realejo granadino. Por eso y gracias a las agustinas, Cabra bebió más de Granada y Málaga que de otros lugares. Tres obras o un tesoro en muchos casos escondido, es lo que tiene el convento de Las Angustias de Cabra, su imponente grupo escultórico, el Nazareno del Perdón o el Cristo de la coronación de espinas son ya de por si y solas, un factor importante que le da carácter a una Semana Santa, con sólo una de ellas, sería difícil superar el nivel artístico de nuestras cofradías en gran parte de Andalucía. En estos tres casos, hay que agradecer a sus Cofradías titulares, el hecho de ser conscientes de su valor y haber sido restauradas y cuidadas en los últimos años por Santiago Molina Ruíz (Angustias y Perdón) y Salvador Guzmán Moral (Coronación de Espinas), respectivamente. Por otro lado, nos encontramos con la Virgen de los Remedios, atribuida a Agustín José de Vera, otro de los discípulos de esta escuela, que además es autor de un Cristo crucificado bellísimo en la localidad de Priego de Córdoba. En el caso de Vera no vemos ninguna reminiscencia con respecto a la obra o a la fuerza que imprimian los Mora a sus vírgenes de gloria, pero seguro que en Ella pudo intervenir, de alguna manera, por soñar que no quede, la mano de Diego de Mora. Pensar sólo en el hecho de que Diego pudiera haber tenido en sus manos la mascarilla de la Virgen de los Remedios sin ser de su autoría ya es algo digno de valor. Recordemos que en este artículo estamos pretendiendo hablar de las obras de la escuela granadina que procesionan a día de hoy cada Semana Santa, en ningún caso, de todas las joyas que hay dentro del convento de las agustinas o guardadas en algún lugar o dependencias parroquiales que no han sido expuestas a día de hoy. El orgullo con el que muchos egabrenses se han referido a algunas de nuestras imagenes más devocionales durante décadas, manifestando que eran de José de Mora, no resta un sólo ápice del nivel escultórico de Diego de Mora o Torcuato Ruíz del Peral, entre otros. El mismo caso podemos trasladarlo a la actual Virgen del Socorro, una dolorosa muy interesante por todo lo que nos cuenta sobre la escuela granadina y la forma de esculpir y presentar a sus dolorosas, tenemos el ejemplo sobrecogedor de la Soledad del calvario de la parroquia de Santa Ana y San Gil, que ha protagonizado el vía crucis de las cofradías granadinas en este año 2024 junto al increíble crucificado de la Misericordia ambas imagenes, ahora si, obra de José de Mora. La Virgen del Socorro, atribuida en casos puntuales a Torcuato Ruíz del Peral, tiene todas las características imprescindibles para encuadrarla dentro de la escuela granadina de estos grandes genios. Sería muy interesante que la Hermandad recuperara su disposición original para poder disfrutar de toda la riqueza que tiene esta dolorosa y no esconder debajo de su terno la belleza inusual de esta Virgen tan nuestra y tan de ellos, de los granadinos. Lo mismo nos ocurre con la Virgen de la Esperanza, de claros rasgos granadinos, pero puede que en este caso, ya su autor (desconocido) no tuviera y si tuviera algo que ver con la relevancia y enjundia de la escuela de los Mora. No podemos olvidar a sus coétaneos, Alonso y Pedro de Mena, José Risueño o uno para nosotros desconocido, Bernardo de Mora el joven, que quién sabe si de sus gubias pudo nacer algo que no esperamos y que habita entre nosotros desde hace siglos.
Se cumplen 300 años del fallecimiento de uno de los genios más importantes que ha dado Andalucía, Granada y su pueblo natal, Baza, al mundo de las artes. De él nacieron muchas ramificaciones y antes de él, se puso la primera piedra de una escuela insuperable en las formas y en el fondo. Con Mora moría un artista y nacía una leyenda, un mito, una forma de transformar la madera para crear a Cristo o a su bendita Madre, y tras él y junto a él, su familia, su hermano Diego, menos reconocido pero con un nivel técnico estratosférico. Ahora es el momento de recordar a José y de enlazarlo con Diego, en el caso de Cabra. Granada y su escuela, viven las manos de la Virgen de las Angustias, en los ojos misericordiosos del Perdón y la mirada demoledora del Cristo de la Coronación de Espinas, también en la belleza de la gloriosa Virgen de los Remedios o en el dolor insoportable de la Virgen del Socorro. Pero Cabra tiene ese privilegio, el hecho de contar con obras de un valor incalculable y con una historia en muchos casos desconocida, de las vicisitudes que hicieron que estén en nuestra ciudad. La curva infinita de Jesús Yacente en los brazos de su Madre, esa técnica, ese equilibrio, esa muerte tan bella y elegante, ese pelo y esos labios, la mano que cae para agarrarnos ante el vacío, eso es de los Mora, de Diego, de su genio, de su inventiva, de su innegable poder de sujestión y de su dolor contenido. Valoremos el patrimonio que nos legaron las agustinas y ahora que se cumplen 300 años de la muerte del maestro Mora, preparemos los 300 años que se cumplirán en 2029 de uno de los grandes y no tan reconocidos genios incomprendidos de la escuela granadina, como fue, Don Diego de Mora Ginarte y López Criado.
«Voy camino de Cabra a fundar un convento…».
Eduardo Luna Arroyo-Director de Radio La Manigueta.
Eduardo Luna Arroyo-Director de Radio La Manigueta.
